Hacia el Silencio y la Presencia Interior

Cada semana os ofrecemos un tiempo de recogimiento, no sólo de relajación, sino de encuentro y conexión interior.

Todos buscamos esa Paz, esa dicha, ese estar pleno y en sintonía con el bien mayor.

Necesitamos parar de nuestra vida hiperactiva, para centrarnos en nosotros mismos e ir hacia adentro, disponernos a ser encontrados por Dios, nuestra verdadera esencia pues somos parte de Él.

Aquietar el cuerpo y la mente, permitir que se armonice nuestra respiración como una corriente que suaviza, para llevarnos a ese centro íntimo donde la mirada es limpiada, donde el silencio es contemplación y es contemplado al mismo tiempo.

La presencia de Dios, siempre está en nosotros, pero debemos dejarle aflorar, manifestarse en la quietud silenciosa, en ese corazón que se abre a la escucha con los sentidos espirituales.

Dedicamos ese tiempo semanal y diario cada uno, para dejarnos encontrar por el no tiempo de Dios. Y nos educamos cada día, a sentarnos, a abrirnos con una atención amorosa, que es una acogida de todo lo que hay en nosotros, para ir más allá de todo ello, hacia una Presencia mayor.

Esa Presencia no es una idea ni un concepto teológico: es vivencia de un sentir profundo, de una certeza luminosa: Agua viva brotando incesante de la Fuente Interior.

Encontramos la Vida, y sentimos que somos vividos por ella, en el momento presente, del aquí y ahora, y así le reconocemos en nosotros.

Sólo desde el silencio, podemos escuchar, ser escucha y transparencia.

Sólo vaciándonos de nuestro falso yo podemos ser llenados por Él.

En “esa espera que nada espera y lo espera todo” somos de nuevo engendrados por su Presencia y Amor en ese Silencio que es Contemplación de Aquél que Es Vida, pura Presencia, Espíritu y Verdad.

Te invito a que vengas… a que entres… y atravieses esa puerta que nunca tuvo llave, porque siempre estuvo abierta, esperándote Dios para amarte : tu mismo corazón es Oración.